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martes, 14 de enero de 2014

Nelson Mandela y el ejemplo del liderazgo partidario dominicano



Tras la muerte física, el pasado jueves 5 de diciembre, de Nelson Mandela se pudieron recoger opiniones emitidas y favorables al ex presidente de Sudáfrica y símbolo mundial de la lucha contra el apartheid. Se generó una amplia corriente de solidaridad y reconocimiento en todos los continentes, sobre los aportes de este hombre; a lo cual no escapó el liderazgo de los partidos de República Dominicana. El presidente, ex presidentes, congresistas, líderes de opinión pública, representantes de iglesias y del campo privado opinaron sobre las bondades de Nelson Mandela, lo cual no era de extrañar.

Las expresiones de políticos dominicanos están llenas de luces. Han sido frases “lapidarias” y llenas de aciertos, las manifestadas por el liderazgo nacional. Teóricamente todas estas frases están cargadas de realidad y de una buena descripción de los valores, principios y deseos del líder histórico de la lucha anti racial. Veamos:
Leonel Fernández: “La bandera morada ondeará a media asta durante los próximos días en testimonio de reconocimiento de lo que representó Mandela como símbolo de resistencia contra el racismo”
Danilo Medina: “Mandela hizo de su vida un ejercicio permanente y profundo a la tolerancia, respeto a la diversidad de pensamiento y libertad”.
Miguel Vargas: “Mandela fue un ejemplo de humildad, conciliación, unidad, entrega y dedicación por su pueblo”.
Hipólito Mejía: ” En la hora de su muerte el mejor homenaje a su memoria es actuar como él”.
Estas expresiones reales del liderazgo partidario, el más reconocido por la opinión pública, tienen una debilidad muy profunda. Si es débil, es porque no es fuerte. La realidad apunta a un cuestionamiento a la falta de armonía entre la forma de pensar y la forma de actuar. Apunta a articular coherentemente lo que se dice y lo que se hace. La práctica del liderazgo partidario, antes mencionado, parece ser contrario a los principios y valores de tolerancia, conciliación, unidad, la resistencia contra el racismo y la imitación del estilo de vida de Mandela.
La abolición de apartheid es la acción humana más trascendental que pudo llevar a cabo Mandela y el Congreso Nacional Africano en el año 1994. Esto es muy contrario a lo sucedido en República Dominicana donde se le ha negado el derecho a la nacionalidad a miles de ciudadanos. Si Mandela tuviera vivo y hubiera visitado República Dominicana, el día de su muerte, ténganlo por seguro que hubiera estado en el Alma Mater de la UASD dando “Abrazos Solidarios”. El apartheid conllevó la separación de los negros de los blancos por razones de ascendencia, que también es una ocurrencia racionalmente leguleya de la sentencia 168/13. Mandela expresó de manera concluyente que detestaba el racismo porque lo veía como algo bárbaro, “ya pueda venir de un hombre negro o un hombre blanco”. Otra frase con reconocimiento internacional fue aquella donde explicó el origen del racismo indicando que “nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión”.
Mandela pudo ser presidente en reiteradas oportunidades. Optó por la renovación del liderazgo y por abrir camino para nuevos líderes que asumieran la dirección del Estado. Su visión democrática del poder es contraria a la que practica el liderazgo partidario dominicano. El ansia del poder es patológica en el sistema político dominicano. La apuesta por la reelección de los líderes dominicanos, no sólo es por participar una vez más en las elecciones, se produce hasta que la muerte los separe. La Constitución Dominicana ha sido reformada en varias oportunidades para restituir la reelección presidencial. Africa es un continente con tradición autoritaria, patrimonialista, colonialista y de régimen autocrático, pero en medio de esa cultura política Mandela decidió no participar en las elecciones, después de su primer mandato en el año 1999. Con el peso nacional e internacional del liderazgo de Mandela, este pudo reelegirse las veces que decidiera. La retirada de Mandela de la esfera política del Estado, más que disminuir poder, lo que hizo fue engrandecerlo en Sudáfrica y el mundo.
El apartheid, además de racial, tenía consecuencia política. Mandela logró incorporar al proyecto de nación a todas las corrientes políticas. Consciente de que había que gobernar con los blancos, los cuales eran los tecnócratas provenientes del régimen promotor del apartheid, los dejó en las posiciones en la Administración Pública Sudafricana. En República Dominicana las instituciones públicas y el Estado hay democratizarla para avanzar en la distribución del poder, más allá de un partido o un líder. Un valor importante promovido por Mandela es que unió todas las corrientes políticas en Sudáfrica, expresadas étnicamente. Esto en contrario a la alta concentración de poder que existe en República Dominicana. Mandela gobernó abriendo oportunidades para los blancos del Partido Nacional (extrema derecha que gobernó 1948-1994) y al Congreso Nacional Africano y el Partido Comunista Sudafricano, los cuales gobiernan desde el año 1994.
Mandela el conciliador, el anti racista, el sacrificado por su pueblo, el tolerante, el que hay imitar; según los dirigentes de los partidos dominicanos, fue un gran defensor de la “educación como el alma más poderosa que puedes usar para el cambiar el mundo”. Mandela el valorado por el liderazgo político de República Dominicana fue aquel que escribió que “los líderes de verdad deben estar listos para sacrificar todo por la libertad de su pueblo y que una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada”.
La conciliación y proximidad del discurso político entre los dirigentes partidarios dominicanos y Nelson Mandela, está muy cerca en el plano teórico. No obstante en la dimensión de la praxis política en el manejo de los asuntos públicos hay una brecha, tan angosta, del tamaño del Gran Cañón de Colorado.

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