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martes, 11 de febrero de 2014

Peligros de los plásticos



Por LEONEL MARTÍNEZ

Todavía suenan en algunos oídos las bellas letras de la salsa de Rubén Blades: “Ella era una chica plástica de esas que veo por ahí… Era una ciudad de plástico de esas que no quiero ver”. Esta expresiva canción confirma que la centuria comprendida entre los años de1900-2000, puede ser bautizada como el Siglo del Plástico. 
Ningún  otro producto  creado por la naturaleza o inventado por el hombre ha tenido mayor impacto en la humanidad. El plástico rompió todos los paradigmas existentes, al punto de que también el nuevo milenio se proyecta como la Época del Plástico. 

Quienes tengan dudas que no olviden que nadie se imaginaba una sociedad en la que pudiera vivirse sin llevar papeletas de dinero en el bolsillo, sin embargo, ya es una realidad el dinero plástico, “el dinero sin dinero”, el mundo de las tarjetas de crédito.
En otras perspectivas, la presencia del plástico parece inevitable en todos los aspectos de la vida diaria. Medios de trasporte o de comunicación:  carro, avión, barco, tren, celular; , objetos del hogar: televisor, radio, computadora, cepillo dental, juguetes, ropa, refrigerador, aire acondicionado, abanico, muebles, enseres de cocina;  envases y empaquetados de todo género; cantidad de artículos y piezas industriales; es una lista sin fin.
Por ejemplo, la influencia del plástico es tan sorprendente que algunos para que los árboles parezcan naturales, “pero bien naturales”, los hacen de plástico. Estrechando de esa manera la competencia entre lo natural y lo plástico.  Asimismo, quienes observan frutas sobre la meseta de la cocina no dejan de cuestionarse, ¿son naturales o plásticas? Muchas veces hay que tocarlas con las manos para apreciar la diferencia.
Como el siglo XXI también es otra Centuria del Plástico, los defensores del medio ambiente enfilan sus cañones contra esta sustancia, concientes de los “prácticos peligros del plástico”. El antagonismo entre los ambientalistas y los empresarios del plástico crece. A nivel mundial se ha desatado una guerra en contra de los envases plásticos, cuyos daños al ecosistema son de grandes proporciones. 
La mayor parte de las naciones europeas, asiáticas, latinoamericanas y del mundo han legislado para disminuir el impacto de las bolsas plásticas, sin embargo, se está levando la bandera de la paz al pronunciar la palabra reciclaje, que se proyecta como la llave mágica para dar solución a esa problemática.
Para un empresario, “una cultura de reciclaje hace descender los niveles del impacto negativo que el plástico tiene en el medio ambiente. Bastaría con observar la experiencia de Europa, allá en los lugares públicos existen recipientes para echar la basura, de manera que quede clasificada para el reciclaje; lo mismo sucede en los Estados Unidos. Es decir, lo que debemos hacer es desarrollar en un sentido amplio toda la industria del reciclaje”. 
No obstante, las estadísticas del plástico son de un nivel apreciable. Los organismos internacionales dan la voz de alarma para que los gobiernos tomen medidas que limiten el uso de este material. Ciertamente, la preocupación es legítima.
A propósito, al momento de escribir este artículo me doy cuenta de que el teclado, el mouse, la pantalla y casi todos los componentes de la computadora son de plástico. Hasta el aparato en que escucho la canción de Rubén Blades: 
“Era una ciudad de plástico de esas que no quiero ver. / De edificios cancerosos y un corazón de oropel. /Donde en vez de un sol amanece un dólar. /Donde nadie ríe donde nadie llora. /Con gente de rostros de poliéster, que escuchan sin oír y miran sin ver. Gente que vendió por comodidad, su razón de ser y su libertad”.

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