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jueves, 22 de mayo de 2014

Complejos que atormentan a las mujeres


Lucha diaria por ser las mejores con los hijos, la pareja, la casa, el trabajo y hasta con el cuidado personal

Por La Nación, Argentina / GDA
Al menos en la actualidad, no existe la mujer perfecta que todo lo puede, que tiene el cuerpo ideal, a la que le alcanza el tiempo para todo y muchos etcéteras. Sin embargo, día a día muchas intentan alcanzar esa perfección, tratando de manejar los distintos aspectos de la vida: el trabajo, la familia, los amigos, la pareja, el cuidado personal.

Según Andrea Gregoris Kamenszein, coach profesional, se trata del "síndrome Mujer Maravilla", que invade y nunca satisface, por más que sean buenísimas en muchas cosas. "Nos acompleja no ser buenas en todos los dominios de nuestra vida. Ni la maternidad, ni el crecimiento profesional, ni ser ama de casa ni el cuerpo que somos nos logra completar del todo. Cuesta todavía tejer esta aceptación", cuenta Andrea.
Para Ximena Ianantuoni, psicóloga, el origen de los complejos femeninos radica en la falta de identidad: "Cuando las mujeres, en lugar de afirmarse en sí mismas y asumirse plenas siendo como son, necesitan responder a un modelo externo, van directamente a ser esclavas de sus complejos", explica.
Lo que pasa es que la mayoría de los complejos parten de la idea que tenemos de que ser de una forma determinada, que hay que adecuarse a ciertos cánones de belleza, especialmente a lo que vemos en los medios de comunicación y al imaginario colectivo de lo que debería ser. "Si no somos como el modelo, entonces no nos aceptamos y si no nos aceptamos, nos acomplejamos", agrega Ximena.
Un factor que tuvo mucho que ver en el surgimiento de los complejos de la mujer actual fue, para Andrea Gregoris, la incorporación femenina al mundo laboral de hace varias décadas: "Esto trajo aparejado, como las letras chiquitas de un contrato, el pretender hacer todo bien, impecable, perfecto en todas las áreas de nuestra vida." A partir de ese momento, nuestro género se vio "tironeado" más que nunca entre los dos polos de lo que es y lo que debe ser.
Hay complejos que son muy comunes entre las mujeres al día de hoy. Obviamente, están los complejos físicos: el deseo de tener un cuerpo ideal, el miedo al avance de arrugas, la obsesión por la celulitis o las estrías... y miles de otros "problemas" que cada una tiene con su cuerpo.
Pero también existen los complejos emocionales, como la culpa que nos genera no dedicarles el tiempo suficiente a nuestros hijos. O incluso el complejo que surge de no haber tenido hijos. Andrea Gregoris reflexiona sobre este concepto: "Parece que emerge siempre algo relacionado con la falta, con lo incompleto: si no es nuestro cuerpo, es nuestro progreso, o la organización de tiempos y agenda... Como un hambre que nunca se calma. 'Estoy en el trabajo, pero no puedo estar tanto en casa', 'Hice mucho con mis hijos, pero no crecí tanto en mi profesión', 'Soy muy inteligente, pero no le dedico tiempo a mi cuerpo", ejemplifica la psicóloga.
Es que evidentemente se va por la vida aceptando compulsivamente mitos y clichés femeninos que en nada ayudan a quererse más. No está mal tener ambiciones y querer superarse constantemente y para esto es útil tener autocrítica. Pero cuando esta actitud inunda muchas áreas de la vida y lo único que sientes es frustración, tensión, sensación de estar poco presente o no ser suficientemente buenas, ahí es cuando, según Andrea Gregoris, el semáforo rojo se prende: "Estamos acá pero queremos también estar allá, en otro lado, haciendo o siendo otra cosa; permanentemente tironeadas".
Cómo superarlos
Para no vivir acomplejada, según Ximena Ianantuoni, hay que trabajar en enriquecer la propia identidad, fortalecerse en los criterios, en los gustos y deseos y sobre todo saber cuál es la misión en esta vida. A partir de esto, se puede igualmente tener modelos de referencia, siempre y cuando no afecten la capacidad de quererse. De este modo, en la medida en que se sepa lo que se quiere, lo que importa y se ordenen las prioridades, se estará mucho más en sintonía consigo misma, lo cual hace que los complejos no tengan tanto lugar.
Es totalmente sano y natural buscar la armonía en los distintos aspectos de la vida. Además, hace muy bien a la salud mental ocuparse de lo que necesita para sentirse bien y para verse bien. Pero "sólo en la medida que nos aceptemos y nos queramos vamos a poder vernos bien, vernos lindas y atractivas, y recién a partir de ahí vamos a gustar y a ser queridas por los demás", asegura Ianantuoni.
Obviamente, siempre va a haber algo que no te gusta de ti, pero hay que trabajar con las fortalezas y aceptar y hasta llegar a querer tus puntos débiles. "Cuanto más aceptamos lo que no nos gusta más podremos integrarlo y vivirlo con armonía. Estar peleadas con nuestra imagen, con partes de nuestro cuerpo o de nuestra forma de ser va en contra de nosotras mismas y no va a generar nada bueno", concluye la psicóloga.
Para Andrea Gregoris Kamenszein, se trata de elegir, de conectarse con lo logrado (que es mucho seguramente) y de crear sus propios estándares desde la salud física y emocional, es decir, tener bien claro "con qué vara nos medimos". Para aprender a verte de un modo más objetivo y no teñido por los complejos, Andrea propone una serie de preguntas para construir tus propios moldes:
- Esto que pienso de mí, ¿es una creencia heredada? ¿Cuál sería la mía propia?
- ¿Cómo me gustaría ser más allá de lo dicho por otros, de un supuesto "deber ser"?
- Esto que creo "que debo ser o tener", ¿lo saqué de algún medio? ¿De quién es este paradigma?
- Si no es ahora el momento de crear mi propio paradigma y molde, ¿cuándo lo será?

Todo es cuestión de empezar a ser conscientes de los complejos y tratar de trabajarlos poco a poco para dejarlos de lado.

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