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lunes, 13 de octubre de 2014

Dolor de Patria y Policías de Macana.

 Por: Lic. Ramón A. Martínez Henríquez (martinezhenriquez@outlook.com)
Desde la formación de las grandes civilizaciones antiguas, el ser humano se ha caracterizado, por ser, en palabras de Aristóteles: “Un animal político”. Un sujeto que se sabe indefenso solo,  ante un mundo hostil y minado de conflictos, razones por las cuales construye en acuerdos generales, y con el consentimiento de las mayorías, el Estado de derecho moderno que conocemos; de tal modo, una vez instaurado este cuerpo político, los ciudadanos asisten a la firma de un contrato social (Rousseau), en el que ceden sus derechos a las autoridades elegidas, por la voluntad general democrática de los pueblos.

Ahora bien, este acto de desprendimiento social en aras del bienestar colectivo, demanda como retribución acciones concretas por parte de las entidades de poder erigidas por los ciudadanos, puesto, que si es cierto, que éstas ejercen un control sobre los individuos, y que dicho dominio se hace efectivo para contrarrestar el desorden, la anarquía y velar por la salvaguarda de las vidas y propiedades de las personas, en la búsqueda de un estado de confort; no menos cierto resulta el hecho, de que a las mismas les compete un compromiso social, de cara a los ciudadanos.
Así, los cuerpos de orden, organización y control de hoy, han sido construidos por las sociedades para asegurarse paz, pero éstos aún en el siglo XXI, por ocasiones padecen del mal de Alzheimer, olvidando su rol social, de suerte que nuestros aparatos estatales de orden, devienen en monstruos militares armados, monstruos que: abofetean, torturan, roban (macuteo) y matan. Ante este panorama de violencias, se les han formateado las neuronas a: LA LEY Y AL ORDEN”. Puesto que sus tareas regidas bajo normas de convivencias humanas, y en contacto directo con las leyes de la nación, quedan negadas cuando por medio de actos delictivos se derrama sangre, en clara violación de los derechos humanos de las personas.
Hoy en día la vida, y solo ella en sí misma, vale, pues no solo el Tener agrega valor, el Ser, por igual ha de apreciarse, y todo esto porque fuera de existir, nada podríamos tener, luego, no neguemos la vida a nuestro prójimo, mas bien, construyamos juntos generaciones preñadas de valores y virtudes, hombres y mujeres educados en moral; pues: “Si educamos al niño de hoy, no tendremos que castigar al hombre del mañana”. Pero si aún así el castigo es forzoso, ahí están las leyes, primero que las balas.
El escenario en el que hoy se produce la obra del orden, demanda y necesita con urgencia formación en valores y cultura, policías de maleta, mas que policías de macana, un cuerpo del orden revestido de respeto por sus iguales, y alejados de la supremacía de un uniforme, detonante de actos arbitrarios e irracionales con los cuales se sumerge a la ciudadanía en el llanto y el pesar, y que nosotros entendemos como dolor de Patria.  






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