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martes, 10 de febrero de 2015

El pacto de la oposición es contra el continuismo

Derrotar al PLD es la megameta de la oposición. Terminar con la racha de las derrotas. La Convergencia es la plataforma ideal.  Pero luce muy  debil, tímida y lenta. Al ritmo que marchan es difícil y remota  la posibilidad de triunfo. Ignoran que su enemigo común es uno sólo: el PLD.  

Llevan dos años sin avanzar, roncando, perdiendo el  tiempo,  porque no hay una clara política de alianzas. Necesitan un discurso más contundente y  bases claras de las alianzas tácticas y estratégicas.  La unidad requiere  negociadores  más  sagaces. Tiburones, buitres de  la política,  que persigan  la unidad  con hambre de poder. Y que vean  con claridad meridiana  que hay dos posibles  escenarios políticos en el 2016: primera y  segunda  vueltas.
Después  de doce años  como gobernante impopular, con la criminalidad política al más  alto nivel, en 1978, Joaquín Balaguer intentó seguir en el poder y buscar su cuarta reelección. José  Francisco Peña Gomez, entonces el  más visionario y audaz lider político del país, articuló el Acuerdo de Santiago, con Antonio Guzmán a la cabeza y Elias Wessin Wessin como candidato vicepresidencial.  
Allí estaban  juntos manzos y cimarrones, el Movimiento Popular Dominicano (MPD), junto al Partido Quisqueyano Demócrata (PQD) y su lider,  Wesssin y Wessin, jefe del CEFA  en la Guerra de Abril de 1965. Es decir, el Acuerdo de Santiago integró fuerzas de la izquierda y la derecha. Mientras Juan Bosch decía que aquello  sería “otro matadero electoral”,  Peña Gómez lanzaba la oposición a las calles y movilizaba a miles de dominicanos contra el continuismo y la corrupción balaguerista. Guardando las distancias, estamos en una coyuntura similar.
Un partido oficialista que cumplirá 12 años en el poder, y cuya ala ultraderechista  saturó el país de corrupción, entregó las riquezas nacionales, como la mina de oro de Cotui, regalada a la Barrick Gold. Un ala ultraconservadora que arrabalizó más la frontera, abriendo la entrada masiva al inmigrante ilegal haitiano y al narcotráfico internacional, y que destruyó  el  sistema judicial, profundizó  la crisis de los apagones y el  transporte público, hundió a muchos sectores de clase media en la pobreza y aumentó la pobreza extrema a más del 40 por ciento de la población dominicana,  unos 6 millones de ciudadanos.
Sin la presencia en el Estado de Danilo Medina en los últimos dos años y sus grandes esfuerzos por  remediar la crisis, el PLD estuviera en ruinas, hundido en el descrédito. Es por eso que  hay una enorme distancia entre la popularidad  de  Medina y la impopularidad del sector ultraderechista del partido gobernante.  Bajo 16 años de unipartidismo, la Nación muestra muy pocos avances y  enormes  precariedades.
 Más miseria acumulada sobre la clase media baja,  y  mucho más enfermedad y pobreza  extrema sobre toda la población. La inequidad social multiplicó las drogas, el sicariato, el crimen. Y  la oposición ronca su largo sueño,   más dividida, Urge un pacto unitario para derrotar al PLD, bajo un programa mínimo. Una figura fresca  como candidato presidencial y en las candituras congresuales y municipals.
Urge menos liderazgo de television y menos blandenguerias.  Opositores  aguerridos  que lancen las masas descontentas a  las calles, como solía  hacerlo Peña Gomez,  para mostrar fuerza y forzar la  unidad. Si es que la oposición  quiere  de verdad  reconquistar  el poder  y derrotar el continuismo


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