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martes, 24 de febrero de 2015

Una verdad peligrosa sobre los granos enteros

granos integralesAunque cada vez es más evidente que la harina blanca carece de los nutrientes esenciales que necesita el cuerpo humano e incluso promueve la enfermedad, el público no suele tener una comprensión adecuada sobre los granos enteros. Se nos ha dicho que los granos integrales son una alternativa perfectamente sana a los granos refinados cuando, de hecho, también presentan toda una serie de peligros para la salud.


Cuando los granos se introdujeron por primera vez a la dieta humana, no eran preparados y consumidos como lo son hoy en día. Las sociedades pre-industrializadas fermentaban los granos para que fueran más fáciles de digerir y sus vitaminas y minerales pudieran ser absorbidos mejor. Hoy en día, los granos se rocían con pesticidas mientras están creciendo y luego se muelen a altas temperaturas, lo que hace que sus ácidos grasos se echen a perder y se vuelvan rancios. La harina molida se vuelve aún más rancia cuando se almacena durante largos períodos de tiempo. Conservantes, estabilizadores y aditivos son añadidos a la harina, lo que la convierte en perjudicial para la salud.
La preparación de los granos es crítica porque sus antinutrientes pueden causar problemas de salud si no son tratados adecuadamente a través de la fermentación o del remojo. Uno de estos antinutrientes es el ácido fítico, que se combina con magnesio, hierro, cobre, calcio y zinc en el tracto intestinal cuando se deja sin tratar. Esto evita que el cuerpo sea capaz de absorber estos nutrientes. Por lo tanto, el consumo de grandes cantidades de los preparados modernos de granos enteros puede hacer que el cuerpo sufra de una deficiencia de minerales.
Los inhibidores enzimáticos son otros antinutrientes que pueden irritar el sistema digestivo y el páncreas, ya que no permiten que el cuerpo degrade apropiadamente el azúcar y glute