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viernes, 22 de abril de 2016

El triple costo de los accidentes

Los accidentes de tránsito continúan siendo un tremendo dolor de cabeza para nuestro país, tan acostumbrado a las malas noticias y a la inseguridad general, que ya hemos perdido la capacidad de asombro. No ha bastado la vergüenza de ostentar el record de ser el país con la mayor siniestralidad por accidentes de tránsito del mundo.

A pesar de la imagen negativa que esas estadísticas proyectan sobre una nación con un alto índice de crecimiento y que vive del turismo, registramos cada año más de 1,425 muertes, decenas de miles de lesionados y miles de incapacitados, a consecuencia de accidentes de tránsito que podrían reducirse con una mejor organización, y mayor autoridad y respecto de la ley de tránsito.
A pesar de que los accidentes de tránsito superan con creces las muertes que anualmente generan todas las epidemias, carecemos de un programa regular de prevención y sólo se organizan acciones masivas durante las Navidades y la Semana Santa, ignorando que cada día se registran 5.3 muertes por accidentes de tránsito.
La Dirección Ejecutiva del Seguro Nacional de Salud (SENASA) acaba de informar que sólo en los últimos tres años ha perdido 360 millones de pesos por la cobertura de asistencia médica por accidentes de tránsito. Entre el 2012 y el 2015, el déficit se dividió casi en partes iguales: 187.1 millones del Régimen Contributivo y 171.2 millones del Régimen Subsidiado.
El SENASA gasta mensualmente 16.66 por asegurado mientras recibe 9.00 pesos, apenas el 55% del costo real. En el Subsidiado resulta menor debido a que la mayoría es atendida en los hospitales públicos. Aún así, la signación mensual es de 4.00 pesos, pero el costo promedio llega a 6.00, con una pérdida mensual de 2.00 pesos por afiliado.
Estas informaciones le dan la razón a ADARS que en varias ocasiones ha señalado que el subsidio resulta insuficiente, ya que generalmente los accidentados acuden a los centros de salud con varios traumatismos severos que demandan un ciudado más intensivo y prolongado.
La Ley 87-01 excluye del Plan Básico de Salud (PBS) la atención médica por accidentes y ordena crear un Fondo Nacional para la Atención Médica por Accidentes de Tránsito (FONAMAT), el cual debe ser cubierto por los causahabientes del daño, que son los dueños de los vehículos de motor.
Durante la primera Gerencia General del CNSS comprobamos que el 70% de los accidentes provienen de excesos e imprudencias de los motoristas, por lo que éstos deberían cubrir una parte del costo. Pero las autoridades de entonces, al igual que las de ahora, obviaron esta solución por temor a las protestas de este numeroso y bullicioso sector, prefiriendo cargar con este gasto.
Pero en menos de una década el problema se ha tornado inmanejable: la flota vehicular se ha duplicado con casi las mismas vías de comunicación y el mismo irrespeto. El populismo y la falta de autoridad explican la desorganización y el caos reinantes, con un costo nacional que los especialistas sitúan por encima del 2.5% del producto interno bruto (PIB).
Mientras tanto, estamos pagando el triple por una plaga que se reproduce rápidamente ante la ineficiencia e incoordinación de las autoridades responsables del orden público, y a pesar de existir cinco o seis dependencias que tienen que ver con el tránsito terrestre.  Y en el Congreso Nacional duermen proyectos orientados a reorganizar y regular la circulación vehicular.


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