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domingo, 17 de abril de 2016

¿Por qué todo me irrita?

 (horizontal-x3)De acuerdo a una psicóloga, las causas de la irritabilidad son diversas y su intensidad puede variar de nivel
Por Camile Roldán Soto
De vez en cuando es natural experimentar  momentos de mucha tensión o preocupación. Situaciones laborales, familiares, de pareja, o incluso la falta de descanso apropiado, pueden provocar irritabilidad.  Pero si ese mal humor persiste no debes pasarlo por alto.  
“La irritabilidad no es un diagnóstico, es un síntoma. Puede presentarse como consecuencia  de varias condiciones como la ansiedad o  la depresión, pero no necesariamente tiene que deberse a un diagnóstico. Quizás es  un aviso de que algo está ocurriendo y hay que corregirlo”, explica la doctora María Curbelo Serrano.
De acuerdo a la psicóloga, las causas de la irritabilidad son diversas y su intensidad puede variar de nivel, desde leve a muy grave.  
“El punto es entender lo que la está causando.  Probablemente la persona dejó de tolerar cosas con las que antes tenía más paciencia. Si, por ejemplo, tu  pareja dijo o hizo algo que no te agrada y la situación no cambia, eso pudiera a la larga ponerte irritable”, indica Curbelo.
Los sentimientos desagradables pueden manifestarse desde el interior, en forma de pensamientos negativos, culpa y enajenamiento. El otro lado de la moneda es la explosión de la ira hacia los demás, con violencia física o verbal.
Hay que tener cuidado porque a veces no somos conscientes de cómo expresamos las emociones. Sin embargo, cuando la conducta se repite constantemente, siempre habrá quien te lo haga notar  o te pida que detengas la actitud. También puede ocurrir que empieces a tener conflictos constantes en el trabajo o con la pareja.
Curbelo señala que los arranques de coraje pueden sentirse como un alivio, pero esta sensación es artificial porque impiden reconocer las consecuencias en términos de lo que puede afectar el  área laboral o la relación de pareja. También es importante fijarse en el impacto que este tipo de “explosión” puede tener en los niños que observan.
“Los menores podrían copiar la conducta de sus padres porque aprenden lo que observan”, advirtió.
Identificar y corregir
Para trabajar asertivamente con la ira lo primero que hay que hacer es identificar de dónde surge. Aunque esto puede ser molesto o doloroso, al final tiene consecuencias positivas porque ayuda a entender qué está pasando en tu vida y por dónde puedes empezar a corregirlo.
“Muchas de las cosas que traen irritabilidad tienen que ver con la frustración. Uno puede mantenerse  positivo buscando soluciones pero si el resultado no es el  esperado, puede llegar   la frustración que desata coraje”, destaca la doctora.
Es común que las personas irritables adopten una actitud defensiva casi automática. Si esto ocurre, puedes caer en el patrón  de buscar situaciones o rodearte de personas que validen esa imagen negativa que has creado de ti mismo.
“Si, por ejemplo, tenemos pensamientos de rechazo, de que no encajamos, o que no somos tan atractivos, vamos a buscar inconscientemente que nos rechacen, para validar esa interpretación incorrecta”, advirtió Curbelo, al invitar a mantener siempre una visión positiva de ti mismo. 
Recomendó evaluar si la irritabilidad es pasajera, porque atraviesas un momento particularmente difícil. En ese caso, lo mejor es comunicar a las personas cercanas que te encuentras menos tolerante, para que puedan servirte de apoyo y ser más comprensivos contigo.
Un detalle muy importante a evaluar es si tu conducta responde a estresores tales como el exceso de trabajo o la falta de sueño.
“Cuando estamos  en el ajetreo, dormimos poco y tenemos sobrecarga laboral  cualquier cosa que nos ocurra durante el día podemos verla como algo gigante”, puntualizó al invitar a observar también los hábitos de alimentación como un factor puede deteriorar tu estado de ánimo.
No menos importante es evaluar si te encuentras en un “ambiente tóxico”, tanto en el trabajo como en el hogar.
“A veces llegas tranquilo, descansado y positivo a un lugar pero hay situaciones ajenas a ti, como personalidades, y pensamientos pesimistas que te roban la energía”, evaluó la doctora.
Si esto ocurre, y no es posible evitarlo, lo aconsejable es trabajar contigo mismo para “hacer una barrera para que no te afecten y evites llevarte esa carga a  tu casa, tu pareja o tus hijos”.


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