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lunes, 19 de septiembre de 2016

Una nueva oportunidad para la educación y la cultura

Una nueva oportunidad para la educación y la cultura

Debo admitirlo: muchas veces he pecado de iluso, de soñador, de optimista y obstinado. Pero el mundo siempre ha sido dominado por los obstinados y los optimistas. Este preámbulo se enmarca en torno a las reflexiones que a continuación haré para referirme a la nueva coyuntura, muy favorable, que se presenta a la educación y la cultura dominicanas.

A raíz de la llegada a la presidencia de la República del presidente Medina éste asumió el compromiso de invertir el 4 % del PIB en educación. En sus primeros cuatro años el mayor impulso lo recibió la construcción de aulas; y así tenía que ser: en el país había un déficit de aulas enorme. Al día de hoy tenemos casi cubiertas las necesidades de cupo para la admisión de los estudiantes de todos los niveles. Ya es muy extraño observar el deprimente espectáculo de niños y niñas recibiendo clases debajo de un árbol o en una destartalada rancheta. Casi quedó en el pasado la recurrente denuncia de los medios de comunicación dando cuenta de esta triste realidad. Hoy los hijos de los pobres tienen mejores planteles escolares que muchos de los hijos de la clase media.
Pero en el primer cuatrenio no solo se invirtió en construcciones; también recibió un fuerte impulso la capacitación de los maestros, y otros renglones que buscan mejorar la calidad de la enseñanza.
A pesar de los avances, lo que se ha hecho hasta ahora no ha sido suficiente para sacar a la educación dominicana de los malos índices en que ha estado anclada por mucho tiempo. Se ha hecho evidente que no es suficiente duplicar y hasta triplicar el salario a los maestros; que no es una panacea contratar a miles de nuevos docentes; que las reformas al currículo aún están pendientes de ejecución en muchos aspectos y que el trabajo de mayor envergadura apenas empieza.
La nueva administración
Para muchos, la designación de Andrés Navarro al frente del MINERD no fue más que un reconocimiento a su desempeño en el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde puso en orden una casa que tenía los muebles en la marquesina, las camas en la cocina, la estufa en el baño y el fregadero en la habitación principal. Por lo tanto, llega a esta institución con el aval público y la confianza del presidente de la República para acometer con renovados ímpetus las ingentes tareas que le aguardan a la nueva educación dominicana. Debe aclararse que la designación de un funcionario en una institución tan importante como el MINERD no es un premio; es un gran compromiso, un reto de gran envergadura cuando se tiene la conciencia de cuál es la misión de un funcionario público, que no es otra que cumplir con su deber con honestidad, responsabilidad y equilibrio.
Al hablar de nueva educación dominicana estamos tomando en cuenta las nuevas prácticas docentes que se están implementando en el mundo; tomamos en cuenta el desafío que entraña la dramática revolución tecnológica que vivimos en la actualidad, y que será vertiginosa en los días por venir y para siempre, y la forma en que impacta a nuestra deficiente plataforma educativa.
Y ha iniciado bien su gestión el nuevo ministro al llamar al diálogo a la ADP, gremio que debe entender que su papel en el sistema educativo no solo es el de buscar conquistas en favor de los maestros, sino contribuir a que la educación dominicana alcance las metas que se han propuesto las autoridades: tener una educación pública de calidad, inclusiva y que no sea un lastre para las finanzas nacionales.
También ha llamado a los otros actores que intervienen en el proceso, tanto del sector público como el privado. En otras palabras ha llegado a escuchar, a buscar la integración y el consenso.
 El caso del Ministerio de Cultura
El nuevo ministro de Cultura, Pedro Vergés, es una persona que aunque ha estado por muchos años en el servicio exterior conoce las interioridades de la cultura dominicana. Conoce a sus actores y sus grandes carencias. Hablemos claro: la cultura no es una prioridad para sociedades como la nuestra, inmersa siempre en la lucha por la sobrevivencia, donde muchos ciudadanos no tienen aseguradas sus necesidades más elementales. Aquí se hacen huelgas por apagones, carreteras y caminos vecinales intransitables, por hospitales en pésimas condiciones, por falta de agua potable. Entonces, así las cosas, la cultura no entra en las prioridades de la gente y también termina siendo no prioritaria para la clase gobernante. Es por eso que siempre he postulado que el desarrollo cultural de nuestro país pasa por las manos de sus actores, de su capacidad para entender la condición de bien no prioritario para la mayoría.
En este sentido es que quiero exponer por qué este momento representa una gran oportunidad para desarrollar muchos aspectos rezagados en el ámbito cultural.
Nadie puede discutir que el futuro de la cultura dominicana está íntimamente ligado al proceso educativo. Los estudiantes debieran ser el primer actor al cual estén orientadas la mayoría de las acciones del Ministerio de Cultura. Y eso debe hacerse a través de los acuerdos interinstitucionales que se han suscrito entre Cultura y Educación y por vía de nuevos acuerdos que es necesario implementar.
La cultura, desde cualquier punto de vista, no deja de ser parte integral de una educación de calidad. Y ahora que se tiene la intención, el compromiso y sobre todo la necesidad de mejorar la calidad de la educación, ha llegado el momento de la implementación de una serie de medidas que contribuirán a mejorar el nivel de nuestros estudiantes y profesores.
Por ejemplo, los niveles de lectoría en nuestro país son paupérrimos; y los estudiantes del sector público deben ser los primeros a enrolar en programas de lectoría. En algunos medios he postulado la necesidad de que en el currículo se incluya la lectura obligatoria de un determinado número de libros por año, lo que permitiría al estudiante salir con una buena base en esta materia.
La tanda extendida es un formato que permite la inclusión del teatro, la música, la pintura, el taller literario, el círculo de lectores, en la rutina estudiantil.
Al mismo tiempo que involucramos a los estudiantes en las prácticas culturales, es necesario reforzar la formación de los profesores en escritura creativa, en análisis de textos literarios, además de incentivarlos en la lectura, facilitándoles los libros necesarios.
Ahora que el estado va implementar el programa República Digital, iniciativa que va a contribuir a bajar los niveles de desigualdad en el campo del acceso a internet, los ministerios de Educación y Cultura deben estar muy conscientes de que un individuo que no tiene hábitos de lectura creados  a través del libro impreso, jamás lo adquirirá por vía del texto digital. La República Digital no debe propiciar la marginación del libro impreso, que es una industria que incentiva la creatividad de nuestros autores, que genera ingresos y crea empleos.
La oportunidad es inmejorable para que se dé una real simbiosis entre Educación y Cultura. Estos próximos cuatro años son una oportunidad inmejorable que no puede ni debe ser desperdiciada. Los nuevos ministros son conscientes de ello


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