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martes, 1 de noviembre de 2016

La educación vial y el respeto a leyes deben enseñarse desde la primaria

La República Dominicana se ha convertido en el país del mundo con más accidentes de tránsito y muertes por esa causa.

Esta increíble realidad es culpa de todos los que hemos tenido la suerte de nacer en esta media isla bendecida por Dios, denominada por nuestros descubridores como “la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto”
Sí, somos un país maravilloso, de gente dulce, sana, cooperadora, humilde, sencilla y todos los demás atributos positivos que se les puedan dar  a un ser humano.
Nuestro principal defecto es que no nos gusta respetar las leyes, en especial las de tránsito.
Lamentablemente, los encargados de hacernos cumplir con lo establecido legalmente, al ser tan dominicanos y buena gente como nosotros mismos, generalmente nos dan una oportunidad o, por no ponerse en malas con un funcionario amigo del infractor, le dan un chance.
En nuestro país nadie respeta una señal de PARE.
Cruzar los semáforos en verde es más peligroso que pasarlos en rojo pues, al pensar que tenemos el derecho de cruzarlos sin precaución, nos encontramos de frente con el conductor de un vehículo que lleva mucha prisa y los pasa en rojo o del motorista que siempre sigue adelante aunque los demás se detengan.
Nosotros no estamos preparados para ceder el paso o mostrar educación en las calles y carreteras del país ya que, cuando conducimos un vehículo, cambiamos totalmente nuestra maravillosa manera de ser. Los hombres dejamos de ser caballerosos con las damas y éstas se creen las dueñas absolutas de las calles. La amabilidad y la cortesía desaparecen como por arte de magia, es como si ambos sexos quisiéramos demostrar cuál es el más fuerte de los dos.
Otro mal del tránsito que nos acompaña hasta en el más apartado rincón  dominicano, es el de  los motoristas, los cuales, al no ser amonestados por las autoridades, andan como chivos sin ley, piensan que pueden hacer lo que les plazca y, sencillamente, son los causantes de la mayoría de los accidentes del país.
El Gobierno ha iniciado una interesante y positiva campaña para llamar nuestra atención mediante videos de algunos accidentes que ocurren por nuestras imprudencias. Yo estoy seguro de que, todo el que los ve, maneja con un poco más de conciencia y, si tiene un poco de educación, tratará de ser más responsable y cuidadoso cuando lleve un guía en las manos.
Sin embargo, ese maravilloso esfuerzo de quienes nos dirigen se ve limitado a quienes tienen los medios de ver dichos videos y no llega a la inmensa mayoría de nuestra población.
En ese sentido, quiero sugerir a las autoridades educativas que, desde que nuestros hijos vayan el primer día a las escuelas, sí, desde el mismo kindergarten o jardín infantil, inicien a recibir como docencia la importancia de comportarse con responsabilidad en las calles, siendo amables, cediendo el paso y cumpliendo con las normas establecidas.
De esa manera, nuestros niños irán creciendo con un sentido diferente de hacer las cosas. Poco a poco y, en la medida que sus conocimientos lo vayan permitiendo, irían recibiendo como parte intrínseca de su educación, las informaciones pertinentes a cómo comportarse, a cumplir y hacer cumplir las leyes  y serán ellos los que les llamen la atención a sus padres cuando los vean violar lo que  están aprendiendo que no deben hacer.
Para que tengamos un mejor país la educación vial y el respeto de las leyes deben enseñarse desde la escuela primaria.
Si lo hacemos, iremos mejorando y, con el paso de los años, los más jóvenes servirán de ejemplo a los más viejos, poco a poco las nuevas generaciones serán más educadas al caminar o conducir por nuestras calles y carreteras y, lo más importante, serán  respetuosas de las leyes por las que debemos regirnos.
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