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jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Sabías que cepillarte los dientes justo al terminar de comer puede dañar tu salud?

 Hay un montón de cosas que haces diariamente pensando que están bien pero que, en realidad, te están haciendo daño. Varias doctoras británicas han charlado con ‘The Sun’ y han revelado lo que hacen erróneamente miles de personas sin saberlo.

1) Cepillarse los dientes justo al terminar de comer
A todos nos han metido a fuego desde el colegio que debemos cepillarnos los dientes tres veces al día, después de cada comida y durante tres minutos, pero los dentistas no tienen claro que esta sea la mejor de las recomendaciones.
La doctora Sara Kayat asegura que uno de los principales problemas radica en que la mayoría de la gente se cepilla los dientes nada más acabar de comer: “No se deben lavar inmediatamente después de las comidas y bebidas, especialmente si estas son ácidas”. Parece lógico pensar que el mejor momento para lavar la dentadura es después de usarla, pero es una idea equivocada.
Si hacemos esto frotaremos el ácido, el mayor enemigo de nuestros dientes, ya que desmineraliza y debilita la superficie del diente, lo que nos hace más propensos a la caries, según demostró un estudio publicado en 2004 por la revista ‘General Dentistry’. “Cuando comes o bebes algo ácido, el pH de tu boca disminuye y tarda un tiempo en volver a la normalidad”, dijo recientemente Jeffrey Cole, presidente de la Academia de Dentistas americana.
Entonces, ¿qué hay que hacernbsp;”Para evitar la erosión se debe esperar al menos una hora desde el fin de la comida para cepillarse los dientes”, recomienda Kayat, que recomienda además no enjuagar la boca después del cepillado, ya que “hay que dejar los residuos de pasta en la boca”.
Si necesitas sí o sí lavarte los dientes después de comer, los expertos recomiendan que te enguajes la boca con agua o con un enguaje bucal, y que esperes el tiempo indicado. “Lavarte con agua hará que los niveles de pH se sitúen dentro de la normalidad. De hecho, es preferible que en el trabajo tengamos un bote de enjuague bucal antibacteriano en vez de un cepillo.
2) Quitarse la cera del oído
La mayoría de las personas están obsesionadas con tener los oídos superlimpios. Y piensan que eso significa tenerlos sin rastro de cera. Están equivocados: el cerumen de las orejas nada tiene que ver con la falta de higiene. De hecho, la presencia de cera es la manera que tiene el cuerpo de proteger los oídos y proteger la audición.
Esta supuesta ‘suciedad’ es necesaria para nuestros oídos, pues tiene importantes propiedades antimicrobianas gracias a la enzima que contiene, la lisozima. La cera contiene aceites y está constituida en gran parte por queratinocitos, células epiteliales muertas además de otras sustancias. Entre 1.000 y 2.000 glándulas producen péptidos antimicrobianos (un tipo de moléculas), mientras que las glándulas sebáceas cercanas a los pelos aportan a la mezcla alcoholes, una sustancia oleosa llamada escualeno, colesterol y triglicéridos.
Sarah Little, consultor cirujano otorrinolaringólogo, asegura al citado medio que no solo es malo quitarse toda la cera de los oídos, sino que además muchas veces lo hacemos mal. La mayoría está tan empeñada en deshacerse de todo el cerumen que “a menudo terminan empujando la cera al fondo del oído”. En el hospital en el que trabaja atienden “muchos más problemas de intentos agresivos de limpiar la cera que complicaciones por la acumulación de la misma”.
3) Beber mucha agua
No cabe duda que hay que beber agua. Es necesaria tanto para hidratarnos como para eliminar toxinas, mejorar nuestra memoria y concentración o evitar dolores de cabeza, entre otras cosas, pero hacerlo en exceso tiene efectos secundarios más perjudiciales de los que pensamos. Así lo han demostrado diferentes expertos que han puesto en cuestión los beneficios de beber tanta cantidad de agua al día. Muchos de ellos consideran que los cerca de dos litros aconsejados superan con creces lo que el cuerpo realmente necesita.
Cath Collins, nutricionista en el Hospital St. George (Londres), asegura que muchas veces la gente bebe más de la cuenta porque confunden ‘líquido’ con ‘agua’: “Se debe tomar en torno a dos litros de líquido al día, pero puede ser cualquiera, desde sopa, té, o café hasta cerveza”.
También, detalla Collins, hay que tener en cuenta todo el agua que ingerimos de los alimentos que comemos. Las frutas y verduras, por ejemplo, son muy hidratantes, pues aproximadamente el 95% es agua. Todo lo que comemos tiene agua, incluso el pan. “La gente que está constantemente bebiendo botellas de agua me desconcierta”, comenta la nutricionista.
¿Qué puede provocar beber agua en exceso? Hay dos principales consecuencias: puede causar insomnio y sudoración extrema. Así que cuidado.
4) No madrugar los días libres
Llega el sábado y te tiras en la cama hasta las mil. Sales por la noche y luego a ver quién se levanta pronto para aprovechar el finde. Es tentador quedarte bajo las sábanas hasta bien entrada la mañana, pero has de saber que no es bueno para tu salud, ya que te estás cargando tu reloj biológico.
La neuróloga Anish Bahra asegura que no hay que dejar de madrugar los días libres: “Cambiar el patrón de sueño tiene un efecto potencialmente negativo sobre las hormonas del hipotálamo, las cuales pueden desencadenar dolores de cabeza que, junto con la retirada de la cafeína en esos días, acaban por arruinarte la jornada”. La experta apunta que es mejor levantarse pronto aunque se tenga mucho sueño, y luego si eso echarse una siesta durante el día.
Se ha demostrado que madrugar tiene efectos realmente positivos para nuestro organismo. Mejora el sistema inmune, potencia la felicidad individual (según la Asociación Americana de Psicología), hace que el sueño sea más reparador y promueve llevar un buen estilo de vida, repleto de hábitos saludables.
Fuente: elconfidencial.com