Labels

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Marcha Verde: pasado, presente y futuro

001
Por Rosario Espinal
El movimiento Marcha Verde, que se inició oficialmente con la gran marcha celebrada en la ciudad de Santo Domingo el 22 de enero de 2017, mostró desde su inicio una gran capacidad de convocatoria social. Miles desfilaron por las calles contra la corrupción y la impunidad. El escándalo Odebrecht había cobrado notoriedad internacional, y aquí le precedía el escándalo en OISOE y las protestas de la cadena humana.

Desde el inicio, los voceros de Marcha Verde indicaron que era un movimiento social, no político. Eso facilitó que distintos sectores partidarios y no partidarios convergieran en el movimiento. La acción era de todos y no debía monopolizarla nadie. Se proclamó una estructura de organización horizontal sin una vocería única, y no se permitió a ningún partido político asumir la dirección del movimiento o su encabezamiento visual.
La magnitud del escándalo Odebrecht a nivel nacional e internacional y la aparición de nuevos casos de corrupción en la República Dominicana sirvieron de trasfondo al crecimiento del movimiento. Por primera vez la sociedad dominicana se movilizaba en contra de la corrupción y la impunidad; y en sí mismo, ese era un gran logro.
Luego llegaron los sometimientos a 14 encartados en el caso Odebrecht. La interpretación y el desenlace de esos sometimientos impactó a Marcha Verde. ¿Se enfocaba el movimiento en que los sometimientos se llevaran a término, o los definía como un show mediático del Gobierno?
En la última gran marcha verde en Santo Domingo el 16 de julio, el manifiesto se enfocó en el sometimiento al presidente Danilo Medina y la investigación de los expresidentes Leonel Fernández e Hipólito Mejía. Los encartados pasaron a un segundo plano.
Mientras tanto, en el país se montó una campaña mediática a favor de que los encartados presos fueran liberados porque no constituían peligro de fuga. En las narices de todo el mundo los encartados fueron excarcelados sin mayor protesta social.
Posteriormente, Marcha Verde anunció un proceso de reflexión y consulta para definir el curso a seguir.
Por su lado, algunas personas afines a Marcha Verde, aunque no en nombre de Marcha Verde, publicaron manifiestos donde planteaban la renuncia de todo el Gobierno y la celebración de una constituyente para elegir nuevos representantes. En todo momento, los voceros oficiales de Marcha Verde insistieron en que era un movimiento social, no político.
En la segunda parte de 2017, los principales partidos políticos (PLD y PRM) entraron en una dinámica electoral al introducir temas como la modalidad de primarias para elegir las candidaturas. En el 2018 se intensificará la política partidaria, que regularmente en este país tiende a subordinar los movimientos sociales.
Hacia adelante, Marcha Verde tiene a su favor el mayor desencanto y desvinculación de un amplio segmento de la sociedad con los partidos políticos existentes. Pero la magnitud del clientelismo y la alta dependencia de muchas personas del Gobierno tiende a inclinar la balanza hacia la política partidaria tradicional, a menos que se presente una crisis económica profunda.
Si Marcha Verde tiene como objetivo ser solo un movimiento social, debe volver a mostrar músculo con grandes manifestaciones a principios de 2018 y enfocarse en conquistas específicas para mostrar logros. Si, por el contrario, Marcha Verde buscara convertirse en una plataforma político-electoral tiene también que comenzar a forjar un liderazgo político con capacidad de reemplazar a los partidos de oposición para ser opción de poder. Otra posibilidad es que transfiera su energía política a un partido o coalición opositora.
Sobre cuál de estos objetivos escoger no hay acuerdo ni dentro ni fuera de Marcha Verde.


0 comentarios: